Este artículo escrito por MFP, apareció hoy en El País de Cali y lo publico porque lo considero de interés en materia de cortesía.

Dice dos cosas que son verdad en el caleño: Llega tarde y, algunos, tienen cierta dificultad para pasar al teléfono.

Sirirí. Por: Mario Fernando Prado.
De confirmar y no aparecer
Septiembre 01 de 2009

Ya es tiempo de ponerle coto a esa pésima costumbre, caleña sobre todo, de confirmar la asistencia a un acto o invitación y no aparecer jamás.

Además de ser un detalle de mala educación y un desaire, quedar mal es hacerle perder al anfitrión los preparativos que suponen la presencia de esa(s) persona(s).

Y ello no es cosa de poca monta: en día pasado, noche mejor, se invitó a la presentación de un evento. 30 personas confirmaron su asistencia vía telefónica. Por tal motivo sus organizadores dispusieron salón, mesas, asientos, licores y comida especial, y mesas, sillas, licores y viandas se quedaron allí. Sólo llegaron ocho personas, o sea el 25% de los confirmados. Huelga decir que los anfitriones se quedaron con los crespos hechos y debieron pagar descorche y comida porque el establecimiento así lo estipuló.

¿Qué es esta grosería sobre todo en cabeza de personas que uno cree son moderadamente cultas? ¿Qué es esa actitud desobligante y arrogante de decir que sí se asiste y luego, sin excusa alguna, no honrar la palabra?

Es mejor, más práctico y económico, manifestar desde un principio que no y que mil gracias. Pero confirmar y no aparecer es, repito, de la peor educación. Para algo existen en las tarjetas las famosas letras de modalidad francesa R.S.V.P. que en colombiano significa “Respondé si vas, pues” y que dan la oportunidad de excusarse o confirmar. Ello sirve para presupuestar asistentes y encargar lo que se necesita.

Últimamente las confirmaciones se han vuelto un vía crucis, porque como los invitados no responden al R.S.V.P. toca entonces llamarlos(as). Casi nunca están o no pueden pasar como buenos caleños -lo que no sucede en Medellín en donde, por ejemplo, Nicanor Restrepo pasa al teléfono sin tantos filtros, asistentes y secretarias de las secretarias- y cuando lo hacen a último momento responden que tal vez, a lo mejor, quién sabe. ¿Dónde aprendieron buenas maneras?

Ah y es peor ‘en tratándose’ de funcionarios públicos. Además de que jamás responden, nunca saben cuándo llegar. Lo hacen a destiempo sin importarles un carajo tener a la gente esperando horas de horas.

Al respecto aquí hago una salvedad: Germán Villegas, ex alcalde y ex gobernador y hoy parlamentario, llega a la hora que es así se quede sólo unos instantes. Pero los otros y las demás, valientes principitos y reyezuelos, haciéndose esperar. Por eso es que ahora estén o no estén los figurines estos, se da inicio a los actos para que queden bien mal con sus gobernados.

Y a propósito, otra perlita más: la llegadera tarde a las invitaciones. Si es a las 7:00 llegan a las 9:00. Si es a al 1:00 llegan a las 4:00. Si es a las 9:00 llegan a las 11:00. Hay personas que tienen desordenadas las hormonas. Yo tengo un amigo que lo invito a desayunar para que llegue al almuerzo y lo convido a un entredía para que llegue a la comida. ¡Y ni así!

Confirmar y no aparecer y llegar bien tarde, son costumbres que debemos abolir. En ese sentido los bogotanos y los paisas nos dan sopa y seco. Pese a que la capital es cuatro veces más grande que Cali, allá se las ingenian y planifican su tiempo para llegar a la hora y ni qué decir de los paisas para quienes la palabra y el cumplimiento son todavía reglas de oro.

Pero en Cali, el importaculismo se pavonea con actitudes como estas. ¿Y si es así en materia de protocolo, léase decencia, cómo no será en otras cosas?