Una ráfaga de viento derribó el mástil situado junto al presidente Mauricio Macri durante un discurso en Clorinda, Formosa, en 2016.
El incidente pone sobre la mesa una cuestión fundamental: la preparación protocolaria de un acto no termina con la ubicación de las autoridades ni con la disposición de los símbolos.
En los actos al aire libre, las condiciones meteorológicas y la seguridad de los elementos escenográficos deben formar parte de la planificación. La estabilidad de los mástiles, la resistencia de sus bases y la ubicación de las banderas requieren una revisión previa, especialmente cuando hay viento.
¿Qué nos enseña este incidente?
La caída de una bandera durante un discurso no debe analizarse únicamente como un imprevisto. También invita a examinar las medidas preventivas adoptadas antes del acto.
Una adecuada dirección protocolaria contempla la inspección del espacio, la comprobación de los soportes, la valoración de las condiciones ambientales y la asignación de responsabilidades al equipo organizador.
La improvisación puede convertir un detalle aparentemente menor en una situación que interrumpa el desarrollo de un acto y desvíe la atención del mensaje que se desea transmitir.
La bandera es un símbolo patrio, y su montaje no se deja al azar.
El protocolo no consiste solamente en establecer precedencias y ordenar ceremonias. También exige anticiparse a los riesgos, coordinar al equipo y comprobar que cada elemento cumpla su función de manera segura y adecuada.
Sin protocolo, hay caos | Gestión Protocolaria Estratégica
Fuente del caso: La Nación, 22 de abril de 2016.


