«Patos» se les llama en Cali a las personas que se aparecen en un evento sin ser invitadas.

En Cali existe un grupo numeroso que los organizadores de eventos y gestores culturales conocen a la perfección. Por muy restringido que sea el ingreso de gente a determinado acto, ahí se aparecen a beber, comer y hacer «relaciones públicas».

Recuerdo que hace años un importante joyero de Cali traía una nueva línea de relojes de alto nivel y, desde luego, los invitados eran muy bien seleccionados y sus cédulas de ciudadanía eran reportados a la Casa Central de Bogotá para su autorización. La tarjeta de invitación, muy elengante; traje de corbata negra y el sitio, un hotel prestigioso de Cali.

El día de la muestra, había guardia en la puerta para hacer el chequeo correspondiente: nombre, cara, presencia, cédula… y, dentro del salón del hotel, casi que un guarda de seguridad por cada módulo de exhibición con vidrio especial.
Después de la exhibición de rigor con lindas modelos y explicaciones del caso, seguía la parte social con baile amenizado por una famosa orquesta.

Transcurrido un rato, volteo a mirar y dos «patos» de reconocido «prestigio» estaban sentados cual invitados especiales para luego proceder a beber, a comer y a gozar. Todavía me pregunto cómo hicieron para entrar después de tanto control.

En casi todos los eventos sociales, culturales y académicos, había uno muy famoso, cuyo nombre me reservo, que siempre su presentación era: «Soy hijo del ex ministro…» y como no se perdía una, se «medían» los eventos, si había asistido este personaje. Es decir, si no iba, era porque no valía la pena.