Escribo por lo que sucede en Cali que, cuando de organización de reuniones sociales se trata: almuerzos, cocteles y cenas, se prevé la música como un punto más de la producción, pero no se hace un análisis del tipo de música y del volumen.

Tuve la ocasión de asistir a una presentación de un evento que sucederá en Cali, muy caleño, por cierto. La música de fondo, al llegar los invitados, era nariñense o ecuatoriana, por lo que deduzco, se dejó en manos del sonidista, su escogencia.

Después, cuando estábamos cenando, un saxofonista, acompañado de una batería, interpretó temas de jazz, pero a un volumen que no cumplía el objetivo de música de fondo, sino tan alto que había que hablar igual con los compañeros de mesa. Ni qué decir el gran bafle que les correspondió como vecino a los de otra mesa.

El mensaje: contratar música de fondo, sí, pero que suene bajo, como música ambiental, que permita conversar. Sin exagerar, el equipo de amplificación sobra en determinados eventos como el de anoche, donde éramos unos 120 invitados.

Solicitemos servicios, pero indiquemos qué queremos lograr.