Hace unos meses, la elegante gerente de una empresa relacionada con el sector de la salud, organizó para sus clientes una interesante conferencia sobre el Camino de Santiago (ahora recuerdo que una vez me invitaron a hacerlo, pero como que solo fue de palabra o fantasía) dictada por un médico que lo ha hecho en bicicleta. Después, ofreció un ágape alrededor de vinos y quesos. Todo muy español y con invitados muy elegantes.

Pero el tema no es ese. El tema al que quiero hacer alusión, es el vestido que llevó una importante invitada: pijama de cirugía, sus zapatos correspondientes y pelo cogido para gorro de cirugía. Por supuesto, después del saludo protocolario cuando llegó, agregó que acababa de salir de cirugía y se había ido derecho para el acto social.

De inmediato, con el vestido y su aporte verbal, me imaginé una sala llena de sangre y hasta miré a ver si estaba salpicada. Pero no, seguro encima de la pijama, se había puesto material desechable.

¿Qué deduje? pues que si la invitaron con anticipación, como así fue, debió prever el vestido apropiado y llevarlo desde por la mañana a la clínica, darse una duchita y vestirse antes de salir; en segundo lugar, si vive cerca, ir a cambiarse y, en tercer lugar, excusarse y no ir.

Por muy informal que sea una persona, debe respetar al anfitrión y a los invitados. Es decir, dar la categoría que merece cada evento.