HALLAZGO
Fui contratada para diseñar el protocolo de un evento con mesa de honor de siete integrantes. La propuesta de precedencia había sido revisada y aprobada por el director de la entidad contratante. Cada puesto estaba marcado y asignado según ese orden: bastaba con mirar y sentarse.
Al subir a la tarima, uno de los invitados especiales, presidente de una entidad, mas no quien presidía la mesa, decidió, sin preguntarme nada, reorganizar a los demás integrantes: «tú allí, tú aquí, tú allá». Actuó como si diera por hecho que ninguno de los presentes sabía de protocolo, y por eso tomó la vocería para «poner orden» donde ya estaba aprobado y puesto. Todos estaban enterados previamente, menos este señor.
Ese señor, ha tenido cargos de alto nivel regional y nacional en su trayectoria.
CRITERIO
La precedencia en una mesa de honor no depende del cargo más visible ni de quien tome la iniciativa con más seguridad. Depende de la jerarquía institucional definida para esa ocasión específica, y en este caso, ya validada por quien tenía la autoridad para hacerlo, que determina quién preside, quién acompaña y en qué orden.
Ser invitado especial no equivale a tener la última palabra sobre el protocolo del evento. Y asumir que los demás no saben no da autoridad para reemplazar una decisión que ya había sido aprobada.
DICTAMEN
Toda mesa de honor merece ese nivel de relevancia, sin importar cuántos integrantes la conformen. No se trata de rigidez, sino de respeto: por la institución, por quien preside, y por el trabajo técnico de quien organiza el protocolo con criterio validado, no al azar.
Cuando alguien reordena sin preguntar, no solo desordena una mesa. Desautoriza silenciosamente una decisión que ya tenía respaldo institucional.
Sin protocolo, hay caos.
Gestión Protocolaria Estratégica.
Imagen elaborada con IA para ilustrar
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