Como soy parte de «Cali, empresa
de todos»; como también trabajo duro y soy buena persona, y como tengo
algunos conocimientos en protocolo y ceremonial, estoy en mi derecho de opinar
acerca del acto de posesión del alcalde de Cali, señor Maurice Armitage y de su
intervención en el acto de instalación de sesiones del Concejo municipal.
En primer lugar, el señor Maurice Armitage debe tener muy en claro que
ya, de cierta manera, deja de ser la persona natural para llevar una
investidura, una representación como el alcalde de una ciudad tan importante
como Cali.  Esto significa dejar de lado algunos gustos propios o
resistencias para acatar las normas establecidas para los actos protocolarios
de Estado.  Está actuando. Está representando un papel en un escenario
llamado alcaldía de Cali y nosotros, los ciudadanos, además de sus gobernados, somos
sus espectadores. 
 
Por eso es tan importante contar con un asesor experto en protocolo y
relaciones públicas para su beneficio personal y el de Cali. El protocolo no
complica la vida; por el contrario,  la facilita.  El protocolo es
orden.  Por ejemplo, para aceptar el cargo de alcalde  tuvo que jurar
ante un juez o notario.  No era llegar al despacho de alcalde y listo,
porque «yo soy así» o “soy descomplicado”, simplemente es así como lo
establece  la Ley. 
Creo que una persona se posesiona en
un cargo de elección popular y contrae  matrimonio, una o pocas veces en
su vida; así que su vestuario debe ser para ese momento tan especial, no para
el trabajo de campo del día a día: un chaleco-publicitario. No hay necesidad de
estos elementos para connotar que se es trabajador. 
La posesión de un gobernante es algo
que requiere cierta formalidad.  No se puede dejar de lado la tradición
solo porque no quiero o no me gusta. Me refiero a  no  llevar 
puesto el Collar de Gran Maestre de la Orden de Sebastián de Belalcázar, así éste
no luzca mucho si se está en mangas de camisa y chaleco.
Ahora, levantar la mano izquierda
para jurar, es como dar la mano izquierda para saludar. Puede parecer algo
elemental, pero un asesor de protocolo o quien esté al frente del evento, debe
indicar hasta lo más mínimo de lo que será la actuación del gobernante;
incluso, ensayar o pasarle por  escrito
todo lo que sucederá. No suponer que lo sabe. Igual situación con la firma
del acta: tomarse  el  tiempo necesario para hacerlo sentado, que
sería lo más cómodo y apropiado.
Ni qué decir de escoger otro sitio de
la ciudad diferente  a la Plazoleta del
Centro Administrativo Municipal; lo que representa la institucionalidad, la
tradición;  el lugar donde  el pueblo se congrega, según concepto
arquitectónico que viene  desde la  antigüedad.  Establecer escenarios no adecuados, incómodos,
de difícil acceso para llegar a la ceremonia, se convierte en un factor excluyente
para muchas  personas que no
lograron  llegar a pesar de estar
invitadas.  Es  como si el Presidente de  la República quisiera hacer el acto  de su posesión en Puerto Leticia o en Quibdó…

En cuanto a su actuación y  discurso en el acto de instalación de
sesiones del Concejo ¿no le advirtieron sobre el protocolo usual?  Lo
pregunto porque improvisó;  no  llevó el discurso preparado como debe
ser; (concepto que le aprendí al doctor Ramón Hernández Rengifo: «Por
respeto  al público o los ciudadanos, un discurso siempre se prepara y se lee,
no se improvisa»).  Tampoco, por más sincero que uno sea,  no
está bien el decir que «no conocía ni siquiera el establecimiento
físico»  y «no sabía para qué  sirve el Concejo». Hasta
la sinceridad hay que dosificarla, afirman asesores de comunicación. Algo tan
elemental como lo aprendimos en la clase de cívica los de  nuestra
generación y después en  los libros de la Constitución Nacional de 
1991 y las cartillas explicativas.  Esto demuestra, quizás, un  poco
de indiferencia hacia los temas que todo ciudadano debe conocer; además, un 
mal  ejemplo para los niños y jóvenes. 

El 99% de los honorables concejales estaban con el código de vestuario correcto
para la ocasión y el recinto.  El alcalde no.  Da la impresión de que
desconocía qué sucedería ese día, como  parece ser su sorpresa cuando fue
por  él la comisión nombrada para tal  fin, según el reglamento del
Concejo. 
Detalles, para algunos ínfimos y
desestimables, no para la percepción de una gran mayoría que espera que sus
elegidos están preparados para presidir y participar en actos públicos en los
cuales el protocolo no debe ser un saludo a la bandera sino el respeto a la
normatividad establecida. También en ese tema deben prepararse bien los
gobernantes.
Fotos: cali.gov.co