Durante varios años observé un detalle que se repetía en las ceremonias oficiales en las que el presidente de la república entregaba el tricolor nacional a los deportistas que representarían a Colombia en competencias internacionales.
El acto era solemne y su significado, evidente: aquellos deportistas salían a representar al país.
Pero había un problema.
La bandera que se les entregaba no siempre era la que correspondía.
Una bandera con escudo no es un detalle menor
En 2011 escribí sobre la entrega de la bandera a los deportistas que participarían en los XVI Juegos Panamericanos de Guadalajara, México.
La fotografía del acto mostraba una bandera de Colombia con el escudo incorporado.
Entonces me pregunté por qué se entregaba una bandera de guerra a una delegación deportiva.
Y escribí, con algo de ironía:
«La bandera de Guerra tiene su utilización especial por parte de las Fuerzas Militares y no sé por qué se le entrega a una delegación deportista. Si pudiéramos preguntarle al proveedor…».
No era un asunto estético.
La Ley 12 de 1984 establece que la bandera, el escudo y el himno nacional son símbolos patrios y define la bandera nacional por sus tres franjas horizontales: amarilla, azul y roja. El Decreto 1967 de 1991, que reglamenta su uso y figura vigente en SUIN-Juriscol, reserva el escudo en la bandera para usos determinados. Su artículo 12 señala que el escudo de armas solo se usará en la bandera nacional del presidente de la república y en las banderas de guerra, además de otros usos oficiales allí previstos.
Consultar el Decreto 1967 de 1991 en SUIN-Juriscol
El error se repetía
Con el tiempo fui reuniendo fotografías de diferentes ceremonias.
Delegaciones deportivas. Distintas competencias. El Presidente entregando la bandera.
Y una y otra vez aparecía el escudo.
En otra de mis bitácoras acudí nuevamente a las normas y pregunté:
«¿Los deportistas en cuál de los grupos entrarían?».
Los grupos de deportistas no son tropas.
No van a acciones de guerra.
No salen al exterior a prestar servicios propios de las Fuerzas Militares.
Entonces, ¿por qué entregarles una bandera destinada a otro uso?
Mi crítica no estaba dirigida al significado de la ceremonia. Por el contrario, precisamente por la importancia del acto consideraba necesario cuidar el símbolo que se entregaba.
De la bandera de guerra a otro error
En 2013, durante el acto de entrega de la bandera a los deportistas que representarían al país en los Juegos Bolivarianos en Perú, volví a escribir sobre el tema.
Esta vez advertí que se había pasado de la bandera de guerra a una bandera con el escudo dispuesto de otra manera.
Y escribí:
«Por favor, responsables del protocolo: la bandera que se entrega a los deportistas es la de Colombia, la del país, la que significa territorialidad; no la de guerra, ni la del Presidente».
Ese era, y sigue siendo, el punto.
Los deportistas representan a Colombia.
La bandera que reciben simboliza el país al que representan.
La bandera de Colombia.
Escribí. Insistí. Y también envié comunicaciones
Durante el gobierno del presidente Juan Manuel Santos envié comunicaciones señalando esta situación.
No recibí una respuesta formal que me permita afirmar que el cambio posterior se produjo como consecuencia de mis cartas o de mis publicaciones.
Por eso no voy a atribuírmelo.
Pero sí puedo contar lo que ocurrió.
Después de años de observar, escribir e insistir sobre el uso de la bandera en estas ceremonias, la imagen cambió.
La bandera entregada a los deportistas comenzó a aparecer sin escudo.
En febrero de 2014 lo celebré en mi bitácora:
«Felicitaciones a los encargados del protocolo porque, por fin, hacen lo correcto para que el Presidente quede bien: entrega la bandera de Colombia, sin escudo alguno, no la de guerra, como se acostumbraba».
Y agregué:
«Esperemos que continúen así de juiciosos con el respeto a la bandera y a los que la reciben».
El protocolo también consiste en observar
Muchas veces he dicho que el protocolo no se limita a organizar precedencias, disponer puestos o seguir un programa.
También exige observar.
Mirar una fotografía.
Preguntarse por qué se utiliza determinado símbolo.
Consultar la norma.
Advertir cuando algo no corresponde.
Y, si es necesario, insistir.
Nunca recibí una carta que dijera que mis observaciones habían sido atendidas.
Pero las fotografías posteriores mostraron algo distinto.
La bandera de Colombia, amarilla, azul y roja, sin escudo, empezó a ocupar el lugar que le correspondía en manos de nuestros deportistas.
Porque ellos no iban a la guerra.
Iban a representar a Colombia.
El protocolo no consiste únicamente en organizar ceremonias. También implica proteger el significado de los símbolos del Estado. Una bandera correctamente utilizada transmite identidad, legalidad y respeto por la Nación que representa.
Las pequeñas incorrecciones pasan inadvertidas para la mayoría de las personas. Sin embargo, cuando se repiten en actos oficiales terminan convirtiéndose en prácticas aceptadas, aunque sean contrarias a la norma.
Observar, investigar y corregir esas situaciones también hace parte del trabajo protocolario. Porque, en ocasiones, un cambio institucional comienza simplemente con una pregunta formulada en el momento oportuno.


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