Una amiga arquitecta, residente en Miami, me cuenta que estuvo en una fiesta «hollywoodesca» en todo el sentido de la palabra por el lujo en la decoración y demás; y aunque se «moría» por tomar fotos, no lo hizo.  Hizo bien.  No es de buen gusto si no somos autorizados y estamos en un espacio privado.
Gran cantidad de celebridades han prohibido el uso de cámaras fotográficas o móviles en sus fiestas o bodas, una veces a los invitados y otras al personal colaborador. Algunos de los casos más conocidos: las bodas de Jennifer López, de Tatiana Santodomingo y de George Clooney.
La pareja de George Clooney y Amal Alamuddin hizo que el personal de los restaurantes, hoteles y centros donde se realizaron las actividades de la boda firmaran un contrato que les impedía tomar fotos, selfies o video con sus celulares. Si lo hacían, se exponían a una demanda por 5 millones de euros.
Me sorprendo cuando veo las fotos de ceremonias como bodas, fiestas familiares de cumpleaños o simplemente reuniones sociales, colgadas en los muros de las redes de los amigos casi al mismo ritmo de lo que acontece o mucho antes de que los propios anfitriones o dueños de la reunión social, las compartan oficialmente.

Si la reunión social no es de un familiar muy cercano, si somos solo amigos invitados, no tenemos por qué publicar fotos al público  y mucho menos con descripción de los hechos y con las personas etiquetadas.  No somos los llamados.  El anfitrión  decidirá cuáles fotos compartirá con sus amistades, tomadas por un fotógrafo contratado o por un familiar.

De igual manera, si somos contratados para la organización de la reunión social, por nada del mundo compartiremos imágenes que muestren a los invitados sin su consentimiento.  Caso contrario si somos autorizados; como autorizada fui por una clienta, sin siquiera solicitárselo, para que publicara en FB las fotos de un almuerzo-homenaje que ofreció en su casa y cuya organización estuvo de mi parte.

Y ¿por qué no dejar que los fotógrafos hagan su trabajo y ganen su dinero?  Disfrutemos la fiesta, tal y como se recomienda en este artículo:

Por qué decidí prohibir los teléfonos el día de mi boda y por qué deberías hacerlo tú también