En enero de 2007, los Consejos Comunitarios del entonces presidente Álvaro Uribe Vélez se realizaban cada sábado en distintas poblaciones del país.

Los escenarios cambiaban.

El error, no.

Detrás del presidente aparecía una estructura tricolor que, en Presidencia y en Prensa, llamaban “pendón”.

Pero yo no veía un pendón.

Veía la Bandera de Colombia partida en tres.

El hallazgo

El amarillo, el azul y el rojo estaban instalados en tres paneles independientes, cada uno con su propio soporte.

Según el montaje, las franjas aparecían unas veces en disposición horizontal y otras vertical.

No era un error aislado.

La misma estructura se repetía en distintos Consejos Comunitarios: reuniones informales, escenarios de clima cálido y actos con el propio presidente de la República al atril.

El patrón era el mismo.

Un símbolo patrio convertido en escenografía modular.

Decidí averiguar de dónde había surgido aquella forma de presentar el tricolor.

En una llamada a la Presidencia, uno de los funcionarios me explicó que la idea había sido de un periodista llamado Javier. Nunca conocí su apellido.

Siempre me quedó una sospecha.

Tal vez la explicación era mucho más logística que simbólica: tres paneles independientes son más fáciles de cargar, transportar e instalar cada sábado en un municipio diferente.

Práctico, sí.

Protocolariamente correcto, no.

La Bandera no es material escenográfico

 

La Ley 12 de 1984 establece cómo se distribuyen los colores del Pabellón Nacional: tres fajas horizontales; la amarilla ocupa la mitad superior y las franjas azul y roja, cada una, la cuarta parte restante.

El Decreto 1967 de 1991 añade un criterio que, para este caso, resulta definitivo:

“La Bandera Nacional debe usarse en forma original”.

La misma norma prohíbe elaborar con ella adornos que alteren su representatividad.

Por eso, el problema no era simplemente estético.

La Bandera Nacional no es un recurso gráfico que un publicista, productor o encargado de logística pueda reinterpretar según las necesidades del montaje.

Representa a la Nación.

Y precisamente por eso su composición no depende del gusto del escenógrafo.

Bandera de Colombia fragmentada en tres paneles durante un Consejo Comunitario
Uso fragmentado de la Bandera de Colombia en un Consejo Comunitario de la Presidencia de la República, en 2007.

Saber que está mal no es suficiente

Quien tiene a su cargo el protocolo institucional no puede limitarse a decir:

“Eso está mal”.

Debe saber por qué está mal.

Debe conocer la norma.

Debe identificar el criterio técnico.

Y debe estar en capacidad de sostenerlo frente a quien corresponda.

Esa es la diferencia entre una opinión y una asesoría profesional en protocolo.

De dependencia en dependencia

La corrección no fue instantánea.

Comenzó con una llamada telefónica a la Presidencia de la República.

Secretaría Privada.

Prensa.

Regiones.

Protocolo.

De nuevo Prensa.

La llamada fue pasando de una dependencia a otra hasta que logré identificar al interlocutor que realmente podía intervenir.

La Casa Militar.

Comunicación recibida de la Presidencia de la República como respuesta a la gestión realizada sobre el uso fragmentado de la Bandera Nacional.

Con el entonces subjefe de la Casa Militar, coronel Juan David Barragán Arango, mantuve la comunicación telefónica y por correo electrónico.

Insistí.

Expliqué.

Sustenté.

Y esperé.

En pocos meses, la estructura desapareció de los Consejos Comunitarios.

Además, recibí confirmación escrita de la gestión realizada.  La respuesta fue contundente: no volvería a ver algo así. Y así fue.

No siempre hay que llegar a una tutela

Años después presentaría una Acción de Tutela por la presencia de simbología religiosa en espacios de la Gobernación del Valle.

En este caso no fue necesario.

No hubo denuncia pública.

No hubo proceso judicial.

No fue necesario escalar el asunto a una instancia mayor.

Bastó con identificar al responsable correcto, sostener el argumento técnico con serenidad y no abandonar la gestión hasta obtener una respuesta.

La lección que me dejó una bandera partida en tres

Reclamar no es necesariamente confrontar.

Se puede señalar un error con respeto.

Se puede insistir con argumentos.

Y se puede sostener un criterio técnico sin convertir cada diferencia en una batalla pública.

Quienes asesoramos en protocolo debemos mantener el ojo entrenado para detectar cuándo una decisión logística, gráfica o escenográfica está vulnerando la normativa o alterando el significado de un símbolo institucional.

Pero detectar el error es apenas el comienzo.

La gestión protocolaria también consiste en saber a quién acudir, cómo sustentar y cuándo insistir.

Aquella Bandera partida en tres desapareció.

No porque alguien gritara más fuerte.

Desapareció porque hubo criterio, sustento y seguimiento.

Eso también es Gestión Protocolaria Estratégica.

Sin protocolo, hay caos.